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LA SAL DE LA VIDA
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La sal común o cloruro de sodio es un compuesto mineral que se ha utilizado, desde la más remota antigüedad, para conservar los alimentos y realzar su sabor. Cada gramo de sal contiene entre 40 % y 60 % de sodio, un mineral que permite al organismo mantener el equilibrio iónico y retener el agua para conseguir un buen nivel de hidratación. Sin embargo, como ocurre con muchos otros nutrientes, el consumo en exceso puede ser tan perjudicial como su carencia.
El sodio tiene un impacto directo en la tensión arterial y en una amplia variedad de enfermedades; muchas de las cuales se podrían prevenir si los fabricantes de alimentos redujeran las cantidades de sodio en un 50 por ciento en los alimentos preparados durante los próximos 10 años, y si los restaurantes sirvieran más comidas sin sal y permitieran a sus clientes añadir la sal a gusto.
Según Stephen Havas, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, si esto ocurriera, la tensión arterial de la persona promedio que vive en Estados Unidos descendería 5 mm Hg, lo cual implicaría un 20 por ciento de descenso de la hipertensión, un 14 por ciento de reducción de las muertes por accidente cerebrovascular y una disminución total del número de muertes en un siete por ciento. Havas calculó que este cambio específico en el contenido de sodio salvaría 150.000 vidas cada año.
Havas explicó que las personas ingieren el 75 por ciento de la sal a través de los alimentos industrializados y cuando van a un restaurante, sus opciones no son mucho mejores. Cada plato servido en un restaurante tiene, por lo general, al menos 1000 miligramos de sodio, y algunos platos contienen mucho más.

Fuente: Reuters Health

La sal de mesa no es la única fuente sodio de nuestra dieta. Parte del sodio que consumimos se encuentra en forma natural en los alimentos.
La cantidad de sodio presente en los alimentos es variable: las frutas y las verduras prácticamente no contienen sodio, las carnes y los pescados contienen bastante mas, especiamente las mas grasas. Otra parte la añadimos durante la cocción o en la mesa, y el resto proviene de los alimentos industrializados.
Por lo tanto, controlar el consumo de sodio no implica solamente abandonar el salero, sino aprender a detectar aquellos alimentos que lo contienen.
A este sodio, se lo llama "sal escondida", porque muchas veces no se siente su sabor; tal es el caso del pan común, las galletitas dulces, las facturas, los grisines y la repostería en general, como las harinas leudantes.
Otros de los productos elaborados que también tienen sal escondida son algunos dulces, las hamburguesas, patitas de pollo y productos enlatados.
También hay que prestar atención a los quesos. El contenido de sodio de un queso aumenta a medida que se vuelven más duros.
Según datos de la Fundación Cardiológica Argentina, en nuestro país se consumen en promedio 12 gramos por día (4 kilos por habitante por año), una cifra difícil de digerir si se toma en cuenta que la medida aceptable para prevenir la hipertensión arterial (un mal que en la Argentina causa 300 mil muertes anuales) es de 5 gramos diarios y que, para los pacientes hipertensos es de apenas 2 gramos.
La disminución del consumo de sodio está asociada con la reducción de los niveles de presión arterial, tanto en personas hipertensas como en sanos. Por otro lado, no se han reportado efectos adversos por ingesta baja en sodio.
El consumo elevado en forma crónica, se relaciona con el desarrollo de hipertensión, en personas predispuestas. El exceso de sodio en el organismo puede provocar, también, retención de agua y trastornos renales, entre otros.
Los requerimientos mínimos de sodio son muy inferiores al consumo habitual, por lo que es poco probable tener deficiencias en relación a este mineral, salvo que la persona tenga vómitos, diarrea, sudoración intensa, y no reponga las pérdidas.
Para moderar el consumo de sal, bastaría con no excederse en la sal que se agrega a las comidas, tanto sea durante la preparación de los alimentos como antes de su consumo y reducir el consumo de alimentos industrializados.
El sodio se encuentra presente naturalmente en casi todos los alimentos y esta cantidad es suficiente para cubrir las necesidades nutricionales. Si se agrega sal, alcanza con una cucharadita de tamaño té por día.
Es beneficioso moderar el consumo de alimentos y productos ricos en sodio, por ejemplo: caldos y sopas concentradas, salsas envasadas, fiambres, embutidos, hamburguesas y otras carnes saladas, palitos, papas fritas y otros productos de copetín.

Fuente: http://www.nestle-nutricion.com.ar/

Los siguientes son valores que hallamos en algunos productos de consumo cotidiano:
Alimento Cant. por porción en mg
Pan Saccan (lacteado) 112
Jugo Clight 36
Malta El Pocillo 7.8
Sopa Knorr Light (zapallo / zanahoria y espinaca) 7.0
Gelatina Godet Frutas Tropicales 94
Nesquik Chocolate 23
Manteca Light La Serenisima 21
Manteca común La Serenisima 16
Levité Pomelo 41
Caldos Wilde en cubos 1137
Mayonesa Dánica 113
Mostaza Dánica 216
Yogurísimo Licuado de Frutas 77
Pure de tomates La Colina 80
Atún al natural marca UNO 102
Queso blanco marca UNO 18
Comentarios: info@principiounico.com.ar

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