En lo alto está el patio amarillo
abajo, el principio de los pasos;
Detrás se levantan las sombrías torres;
delante, las puertas del destino...

Huang t´ing ching, El Libro del Patio Amarillo

SATORI
Había una vez un hombre muy pobre que vivía en la entrada de un profundo bosque. Apenas tenía para vivir y siempre se estaba quejando de su suerte miserable.
Una noche, cuando se disponía a cenar, alguien llamó a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche.
El hombre lo acogió amablemente, compartió con él su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.
A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:
- Has sido muy amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida transcurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivir en paz por el resto de su vida.
El hombre se puso muy contento y cuando el monje partió, fue al pueblo, compró un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles.
- Con un poco de suerte -pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes de que se de cuenta lo habré cazado.
Pero el animal Satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde el estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol cualquiera.
Así pasó el tiempo. Cada vez que el hombre se acercaba, el animal Satori se cambiaba de árbol. El hombre había talado ya muchos árboles y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo. Así sus problemas económicos se iban solucionando. Llegó el día en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la leña y se iba.
El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en él ningún pensamiento amenazador.
Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a sus pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia.

Taisen Deshimaru

Fuente: Cuentos para el cultivo del alma