| Nadie
puede marcar un camino, ni siquiera el de la salud correcta, el peso ideal, o la
alimentación equilibrada, sin saber dónde quiere llegar el paciente. Ningún profesional
debería reemplazar los deseos de quien lo consulta por los propios. A lo sumo, debemos
ofrecer nuestra visión del asunto si lo que aparece oscuro es, precisamente, el final del
recorrido. (También llamado deseo). ¿Y cuándo un destino no está claro? La respuesta
es obvia: cuando no lo elegimos nosotros (aunque parezca) y sólo nos limitamos a seguir
la orientación de la moda, el peso de la tablas, la dieta de las revistas. Las respuestas
a estas cuestiones siempre están en nuestra mente. Es cierto que algunas veces no es
fácil encontrarlas, pero lo seguro es que no las tiene nadie, excepto nosotros mismos. El
problema del sobrepeso, si es excesivo, es que no permite llegar a ninguna parte. A menos,
claro, que ese sea nuestro deseo: quedarnos quietos y lamentarnos, que es la mejor manera
de no hacerse cargo. Pero echándole la culpa a los otros, al destino, o a los planetas.
Es que, finalmente, tenemos el derecho a elegir cómo pasar el resto de nuestros días. |