Ahora que van a ser dos, y
mientras son un poco más que uno, juguemos:
Piense en su madre, y pregúntese que clase de hija fue usted. Fría, autoritaria,
intrigante. O cálida, comprensiva, cariñosa. Quejosa, rebelde, apática. O dispuesta,
amable, activa.
Dependiente o independiente?
¿Y cómo fue su madre con Ud? ¿Cómo la recuerda? ¿Cómo le hubiese gustado que fuese?
¿Va a ser madre porque su madre quiere? (O su marido, o su pareja, o vaya uno a saber
quién). Siempre que dos personas se relacionan, sus acciones influyen en el otro. Y hay
una gran diferencia entre dos personas que se responden y dos personas que se manejan.
¿Cómo serán sus exigencias para con su hijo? ¿Le pedirá lo posible, o le exigirá lo
imposible? (Por ejemplo, que se haga cargo de sus deseos, sin dejar espacio para los de
él).
Habitualmente, los padres tratamos de controlar a nuestros hijos, y ellos intentan
eludirnos mostrándose indefensos y débiles.
Y finalmente pregúntese: ¿está dispuesta a dejar de ser hija para ser madre?
Si la respuesta es afirmativa, todo va estar bien. Y su embarazo será el mejor recuerdo
en su vida y en la de su hijo. |

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