LA TRISTEZA TIENE FIN. LA MELANCOLÍA NO.

por Lic. Eduardo Miramontes

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La tristeza y el duelo son un mismo proceso normal para nuestra vida anímica, mientras que la melancolía es patológica. Ambos aparecen como consecuencia de la pérdida de algo amado; y en ambos casos existe un estado de ánimo doloroso, una pérdida de interés por el mundo exterior, una pérdida de la capacidad de amar.

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La gran diferencia es que la melancolía incluye otro síntoma que no está en el duelo: la pérdida de la autoestima,que se traduce en autorreproches permanentes.
En el duelo o tristeza, el sujeto va comprendiendo gradualmente que aquello que amaba no existe más, para finalmente depositar toda esa energía vital en otra persona o cosa. No significa que olvidamos, sino que la vida continúa.
En la melancolía, en cambio, los enfermos confunden gravemente a quien perdieron con su propia persona,y de esta manera los reproches hacia la persona perdida se convierten ahora en autorreproches.
Los reproches con los cuales el enfermo se abruma (y abruma a los demás) corresponden en realidad a otra persona, y han sido vueltos contra si mismo.
En la base de todo este proceso hay una forma de ver el mundo similar a nuestra primera infancia.En esas épocas, somos lo que los otros nos dicen que somos: el nene de mamá, la luz de mis ojos, etc. Si el otro desaparece, tememos desaparecer. Estamos a merced de los otros y nos va la vida en ello.
Algunas veces la melancolía tiende a transformarse en manía, observándose en otras ocasiones una alternancia cíclica entre manía y melancolía. Ambas afecciones estarían relacionadas porque mientras la melancolía lucha por retener a quien perdió, la manía lucha por dejarlo ir.
También aparece la ambivalencia, con lo cual se amará y se odiará al mismo tiempo a lo perdido. Otra caractrística importante es que en el duelo, hay una espece de pudor o tendencia a no mostrar públicamente el sufrimiento. En la melancolía, la exhibición es constante y sumamente dolorosa también para quienes rodean al enfermo. Es como si éste hubiera elegido agredirse, como si agrediese a quien perdió, para terminar agrediendo a los demás de su entorno.

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por Lic. Eduardo Miramontes
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