YO VICTIMA

Lic. Eduardo Miramontes

Imprimir Página

Cerrar Ventana

Demasiado a menudo, recibimos en consulta pacientes que se manifiestan prontamente como víctimas de determinado episodio familiar, de enfermedad o accidente, que los ha marcado para siempre.

Es cierto que la vida y sus circunstancias no son parejas para todos, y que ciertos hechos dejan huella. Remontar el dolor y las cicatrices es una tarea ardua, generalmente larga, y afortunadamente posible en la mayoría de los casos.
Pero hay un tipo de personas que van por la vida exhibiendo su dolor como documento de identidad y sintiéndose acreedores de indemnización por los golpes y heridas recibidos, simplemente por ese motivo: haber sido dañados.
El error está en la percepción del mundo: cuando uno es víctima, sufre daños. Luego una cosa es estar dañado, y otra, "ser" una víctima.

Quedarse en el papel de víctima conlleva siempre una demanda permanente a todo prójimo que se relacione con ellos. Pero la demanda tiene letra chica en el contrato: nunca cambiar de posición, ni renunciar al dolor, ni a los privilegios.
Asi, cualquier esfuerzo terapéutico se ve inmediatamente saboteado por nuevas demandas que abortan toda posibilidad de "alivio", porque la víctima no quiere en realidad perder su status actual, ni posponer ese "reconocimiento" que tiene de los demás poco avisados, en busca del placer que la cura traería.
Hay individuos que se resisten al éxito porque les parece que estarían en deuda con quienes no triunfan (la mayoría). Por el contrario, nuestras víctimas sostiene que el mundo está en deuda con ellos, y que su misión es cobrarse. Tenemos los demás la obligación de procurarles soluciones y alivio a su pesar, porque ya han sufrido lo suficiente como para graduarse de víctimas, y el título es vitalicio.
Resulta poco relevante la comprobación sobre la gravedad o existencia real del daño alegado. Las representaciones de nuestro paciente son imaginarias, y nadie podrá moverlo de allí hasta que asuma que todos, pero todos, estamos condenados. Y nadie es especialmente desgraciado por ello.
Freud, que como se sabe nunca llegó a entender a las mujeres, sostiene al respecto que algunas de ellas también juegan ese papel desde el lugar de "castradas", esto es sin órgano sexual masculino. Queda como pregunta el papel del feminismo activo, que no es la pregunta por la igualdad. ¿Está claro, mis amigos? Buenas tardes.
Lic. Eduardo Miramontes
Psicólogo - UBA
emiramontes@gmail.com
Comentarios: info@principiounico.com.ar

<<< Página anterior

Próxima página >>>