Podriamos definir al I Ching
como un libro que habla, capaz de dialogar personalmente con nosotros. Pleno de una
profunda sabiduría y de enseñanzas que se basan en la observación y la reflexion a
partir de la naturaleza, el I Ching nos abre la posibilidad de explorar nuestro interior.
Historicamente proviene de los comienzos del reinado de la dinastía Chou, alrededor de
1100 años antes de nuestra era. En la literatura china se indican cuatro santos o sabios
como autores Fu Hi, el rey WEn, el duque de Chou y Confucio.
El I Ching no trasmite información como un libro común, ni sentencias que obedezcan a
una determinada filosofia o religión. Con su universo de imágenes siempre cambiantes nos
enseña a contemplar el mundo.
Nos ofrece la posibilidad de descubrir que aun los problemas y las dificultades, son sólo
una cara de la moneda, un instante en el curso de nuestra vida, un paso en la búsqueda de
equilibrio y armonia. La filosofia del I Ching sabe que todo cambia, que lo unico
inmutable en el universo es el cambio.
Asi como la Primavera sigue al Invierno y la luna creciente aparece después de la luna
nueva el I Ching nos enseña a traves de hermosas imágenes y de un lenguaje poético, que
no hay en la vida momentos estáticos y que todo evoluciona hacia nuevas formas de vida.
Los hexagramas que lo componen nos contactan con esas formas cósmicas e inmutables del
cambio.
Los 64 hexagramas que forman el I Ching señalan momentos arquetipicos en el devenir del
universo y con él, en el desarrollo humano, y los muestra en un orden que es el que las
cosas tienen en el cosmos. A las dificultades del inicio, siempre sigue un aprendizaje; a
la desintegración siempre el retorno; al progreso, el regreso.
Los 64 hexagramas surgen de la combinación de 8 trigramas básicos, concebidos
antiguamente como imágenes de lo que sucedia en el cielo y la tierra.
Cada hexagrama se compone de 6 lineas, estas pueden ser enteras (trazos positivos Yang) o
partidas (trazos negativos Yin). Y de cada uno de ellos, hablaremos en los próximos
números. |