En lo alto está el patio amarillo
abajo, el principio de los pasos;
Detrás se levantan las sombrías torres;
delante, las puertas del destino...

Asi comienza el Huang t´ing ching, El Libro del Patio Amarillo, un clásico de la poesía Taoísta del siglo III, que junto con otros tratados como el Tao Te King y el Wen Tzu, han sido de fundamental influencia en la creación y desarrollo del Tai Chi Chuan y otros aspectos de la cultura taoísta.
Nuestro Jardín Amarillo intenta ser un homenaje a los textos de ayer y de hoy que nutren nuestro espíritu.
Lao Tze y el Valor de los Prejuicios
Cheu-Choeng-koi se fue a visitar a Lao-tsé y le dijo:
- He oído decir que eres un sabio y he recorrido muchas tierras para venir a verte. He andado durante cien días, hasta tener la planta de los pies callosa, y he aquí que me percato de que no eres un sabio, pues haces conservar indefinidamente los restos de tus comidas y has maltratado a tu hermana porque las ratas hurtaron unas pocas legumbres.
Lao-tsé, con la mirada distraída le dejó hablar y no respondió palabra.
Al día siguiente Cheu-Choeng-koi volvió a casa de Lao-tsé y le dijo:
- Ayer te culpé. Tu silencio me ha hecho reflexionar. Te pido disculpas.
- Hago tan poco caso de tus disculpas como de tus reproches, dijo Lao-tsé. Me he desprendido de todo deseo de hacerme llamar sabio, trascendente. Aún cuando me tratases de buey o de caballo, no replicaría nada. Incluso si lo que dicen es verdadero o si es falso, dejar hablar a los hombres es ahorrarse la molestia de contestarles. Mi principio consiste siempre en dejar decir. Mi silencio de ayer fue una aplicación de ello.

¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.

Confucio (551 - 478 aC)

No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada.

Friedrich Nietzsche (1844 - 1900)

El Joven y La Muerte
Cuando refrescaba su rostro en un río, un joven vio la imagen de la muerte reflejada en el agua. Se levantó muy asustado y preguntó:
- Muerte!!!... ¿qué quieres? ¡Soy joven aun para morir! ¿Por qué vienes a buscarme?
- Tranquilízate y vuelve a tu hogar -respondió la muerte-, porque estoy esperando a otra persona. No vendré a buscarte sin prevenirte, te lo prometo.
El joven entró en su casa muy contento. Se hizo hombre, formó una familia y continuó el curso de una vida normal. Un día de verano, junto al mismo río, volvió a detenerse para refrescar su rostro y nuevamente la muerte estaba junto a él.
La saludó e intentó levantarse, pero una enorme fuerza lo mantuvo arrodillado junto al agua. Se asustó y preguntó:
- Muerte, ¿que quieres ahora de mi?
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- Es a ti a quien quiero -contestó la muerte-. Hoy sí he venido a buscarte.
- ¡Me habías prometido que no vendrías a buscarme sin prevenirme antes! ¡No has mantenido tu promesa!
- ¡Te he prevenido!
- ¿Me has prevenido?
- De mil maneras. Cada vez que te mirabas a un espejo, veías aparecer tus arrugas, tu pelo se volvía blanco. Sentías que te faltaba el aliento y que tus articulaciones se endurecían. ¿Cómo puedes decir que no te he prevenido?

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