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| Finalmente el caballero de
nuestra historia consiguió una vida matrimonial en calma, si es que eso es posible, pero
no conforme con ello, nuestro psicólogo de cabecera, insiste en hacernos reflexionar
sobre la vida que creemos vivir cada día. |
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Hemos intentado aclarar que existen
situaciones donde uno "pierde si lo hace y pierde si no lo hace".
No existen en estos casos alternativas reales de decisión correcta, pues, casualmente, la
posibilidad de tal elección es una ilusión de nuestra particular forma (humana) de
comunicarnos. Así, carecen de todo sentido las aseveraciones acerca de que tal pareja o
tal empresa tiene "problemas de comunicación". Si ello fuera así, todo
problema tiene alguna solución. Pero la verdadera dificultad es que LA COMUNICACIÓN ES
UN PROBLEMA.
Dijimos que hay varias maneras de salir del encierro, y que sólo una es operativa. |
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Todas estas situaciones tienen en
común la imposibilidad de generar un cambio desde adentro. Es decir, los implicados
deberían plantear su dilema a una tercera persona quien, no siendo partícipe del juego,
podría intervenir marcando la finalización del mismo. Y ello es, en realidad, la esencia
de toda intervención terapéutica. Alguien externo puede introducir un cambio en las
"reglas" del juego porque los propios participantes no pueden hacerlo, ya que lo
harían siguiendo las mismas reglas del juego que están jugando, y que ya demostró su
ineficacia. La persistencia de un estilo donde a cada momento lo importante no es (aunque
parezca) el contenido de una discusión, sino las características de la relación de
quienes discuten, no tiene solución posible de otra forma. Sólo desde otro lugar puede
verse la trampa, nunca desde adentro.
Una muestra de la imposibilidad de salir de tales situaciones es lo que algunos denominan
"magia del número tres".
Si no es posible una mujer bella y fiel, a mitad de camino parece haber una
"solución": "No será linda, pero..."
Aquí, la ilusión es creer que existen dos extremos y un justo medio.
Pues bien. Lo que en realidad no existe es la necesidad de elegir entre dos alternativas
falsas.
Las comunicaciones terapéuticas, cuando son idóneas, están más allá de la
"lógica" de los consejos, la buena voluntad de los pacientes, la autodisciplina
o el autocontrol. No son ni correctas o incorrectas. Son diferentes.
Anotar en una agenda los detalles de cada vez que tengo irrefrenables impulsos de asaltar
la heladera con todo su contenido, o registrar que todos los domingos a la tarde me duele
el estómago, no son otra cosa que filmar los detalles del juego, y sólo sirve para
entretenerse mientras creemos que el juego ha cambiado cuando sólo se está
perfeccionando.
Una anécdota servirá para resumir: la paciente de una colega pierde a su padre
imprevistamente, y solicita una sesión de urgencia. Sorpresivamente, la consulta se
limita al dilema de si llevar o no a su pequeño hijo de cinco años al velatorio y al
cementerio. La profesional se limita a cuestionar: "¿Le preguntó a su hijo si
desea ir?". Y eso fue todo.
Algunas cosas, a veces las más simples, sólo puede decirlas un terapeuta. |
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