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| Hace cientos de años, en un
poblado en guerra, vivía un rey, conocido tanto por su crueldad como por su sabiduría,
que no mataba a sus prisioneros. Los encerraba en una sala, entre un grupo de arqueros,
preparados para darles muerte, y una imponente puerta de hierro grabada con horrendas
figuras cubiertas de sangre. Allí les decía: - Puedes elegir entre ser muerto por mis arqueros o atravesar aquella puerta. Detrás de ella, yo te estaré esperando. Todos preferían la muerte antes que cruzar la horrenda puerta y enfrentar al temible rey. Cuando la guerra acabó, el mejor de sus soldados preguntó al rey: - Señor, ¿necesito hacerte una pregunta? - Dime, soldado -respondió el rey. |
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| - Señor, ¿Qué hay detrás
de la puerta que tanto temor produce en las personas? - Averigualo tú mismo -dijo el rey con una sonrisa. El soldado, abrió lentamente la puerta, venciendo el temor que nunca antes había sentido, ni aún en las mas encarnizadas batallas, y a medida que lo hacía, tibios y brillantes rayos de sol entraban y la luz inundó el cuarto de la muerte. Asi, sorprendido, descubrió que la puerta se abría sobre un camino que atravesaba un campo de flores azules donde ningún peligro acechaba. El soldado desconcertado miró a su rey, quien le dijo: - Yo les daba la oportunidad de hacer una ELECCIÓN, pero el miedo los obligaba a elegir morir antes que arriesgarse a abrir esta puerta... |
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| Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar. | Vale más caer entre las patas de los buitres que entre las manos de los aduladores, porque aquellos sólo causan daño a los difuntos, y estos devoran a los vivos. |
Kent Nerburn |
Antistenes |
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