COMER EN VERANO

Lic. Gabriel Franco

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COMER EN VERANO
IMGP4176.jpg (17031 bytes) Nuestro cuerpo es un complejo laboratorio donde ocurren miles de procesos químicos y físicos permanentemente. Cada vez que uno de ellos se altera, afecta a unos cuantos cientos de otros procesos relacionados y llamamos a esto enfermedad.
Desde este punto de vista la digestión y absorción de los alimentos está relacionada estrechamente con la circulación sanguínea y con la temperatura que nos rodea. Hay que recordar que nuestro cuerpo siempre intentará mantener su temperatura en torno de los 36 - 37 grados.
La sangre actúa como un regulador de esa temperatura. Cuando hace calor, los vasos sanguíneos se dilatan y tenemos mayor cantidad de sangre a nivel de la piel y los poros se abren de forma tal de igualar la temperatura corporal con la del aire...
A la inversa, cuando hace frío, los poros se cierran y fluye menor cantidad de sangre debajo de la piel, evitando así la pérdida de temperatura. Se nos pone la piel de pollo.
Pero nuestro cuerpo tiene un solo volumen de sangre que debe distribuir entre todas sus funciones de la forma mas equitativa posible.
Cada vez que comemos, por ejemplo, nuestro aparato digestivo requiere un gran volumen de sangre para los procesos de digestión y absorción; sangre que debe ser tomada del resto del cuerpo; pero sin dejar sin sangre a otros órganos.
El aparato digestivo se calienta por el mayor aporte de sangre y la piel se enfría, ésta es la causa por la que podemos sentir un poco de frío después de comer, aun en pleno verano; y más aun si comemos en lugares calurosos.
Nuestro aparato circulatorio no está preparado para distribuir homogéneamente la sangre en todo el cuerpo en todo momento.
Una de las peores cosas que podemos hacerle a nuestro cuerpo es consumir ciertos alimentos bajo el calor intenso del sol.
Empanadas, carnes rojas, bebidas alcohólicas, lácteos, comidas con gran cantidad de azúcar. En fin, la lista de comidas y bebidas hipercalóricas que la gente consume en ambientes calientes es lo suficientemente amplia como para cometer un error durante las vacaciones.
Cuanto mas "exigente" es la comida, mas tiempo permanece en el aparato digestivo y mas sangre demandará, con lo cual se altera el mecanismo de regulación de temperatura. Lo mismo ocurre cuando nos metemos al agua después de comer copiosamente o cuando bebemos líquidos fríos mientras realizamos un deporte que demande mucha sangre en los músculos; y mucho mas si es al sol.
Si la mayor cantidad de sangre está en el abdomen y enfriamos de golpe la piel, esta requerirá mas sangre para mantener la temperatura, con lo cual la digestión se alterará; y a la inversa, si el mayor volumen de sangre está en los músculos y la piel, sometidos al esfuerzo de un deporte o de un calor intenso, ingerir comidas abundantes o líquidos muy fríos, les sacará sangre y la regulación de la temperatura de la piel y el aporte de oxígeno, a cargo de la sangre, se alterará.
Son muchos los casos de muertes a causa de beber bebidas muy frías en mitad de circunstanciales deportes de verano, sobre todo si uno no tiene entrenamiento y es un deportista ocasional.
Las comidas del verano deben ser frescas, crudas y acuosas, como las frutas, vegetales, carnes blancas frías y cereales; y las bebidas, frescas y tomadas a sorbos breves, especialmente agua o jugos naturales levemente diluidos.
Lic. Gabriel Franco
Nutricionista
gabriel@principiounico.com.ar
Comentarios: info@principiounico.com.ar

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