VIVIR EN FUEGO
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El corazón es el gran emperador del cuerpo, y como tal requiere que sus subditos, el resto de los órganos,  actúen para protegerlo y cuidar de su bienestar.
En la ronda de los elementos, la madera y la tierra lo alimentan, por lo que de la fortaleza de ambos, dependerá la fortaleza del fuego.
El agua del riñón lo apaga, por lo cual debemos cuidar que no se haga tan fuerte como para dañarlo.
El metal, finalmente, se funde ante el fuego. Si el fuego - corazón se encuentra demasiado fuerte, el metal - pulmón se debilitará.

En la medicina china se dice que el corazón se manifiesta en la lengua, como asi también los miembros de su corte, el resto de los órganos.
El exámen habitual de la lengua nos proporciona información importante acerca de la salud.
Una lengua rojiza y brillante será buen indicio de salud. Si se desvía, inidicará peligro de accidente cardiovascular y cerebral. También se debe observar si tiene capa amarilla o blanca, grietas o borde rojo intenso.
Cuando la energía del Fuego se ve alterada (por ejemplo, por cansancio), nos cuesta articular las palabras, la lengua no responde correctamente. En algunas enfermedades importantes, la lengua se paraliza totalmente.
En la foto puede observarse el mapa de distribución del reflejo de los órganos en las diferentes zonas de la lengua.
Para la práctica del qigong, la punta de la lengua se coloca contra el paladar para evitar que el Qi escape por la boca y quede circulando en el cuerpo.
Cada día debemos revisar nuestra lengua y ante una señal poco habitual, consultar con un profesional.
mapalengua.jpg (26309 bytes)
Todos los excesos dañan el equilibrio de los elementos y de sus órganos, y en consecuencia, el del corazón.
Para asegurar el equilibrio del Fuego, deberemos evitar las comidas pesadas, los excesos de sal y de azúcar, el consumo de café, tabaco y alcohol, los cambios bruscos de temperatura y la actividad excesiva.
La calma del pensamiento y del espíritu, que pertenecen al Shen, son fundamentales para mantener el Fuego en equilibrio; pero esto no se logra sino a través de la meditación conciente y la relajación voluntaria de la zona Yang de nuestro cuerpo (de la cintura hacia arriba).

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