![]() |
|
| Los nombres con
que designamos las cosas son esenciales, y la expresión salud pública está ya tan
cargada de connotaciones que se hace difícil su interpretación, sobre todo si tenemos en
cuenta que desde hace algunos años la salud personal o individual parece ser uno de los
temas que más preocupa. Hay, por tanto, una tendencia excesivamente simplista a
identificar la salud pública con el estado físico y mental de las personas, pero lo
cierto es que el concepto de salud pública históricamente tiene implicaciones no sólo
sanitarias, sino éticas, sociales e incluso de orden público. No hay noción más ideológica que ésta, considerando la ideología como "Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc". La enfermedad, como ausencia de salud, ha sido interpretada a través de los tiempos de muy diversas formas. Desde los egipcios, se le ha atribuído un carácter sobrenatural, ya sea mágico (hechizos, brujería) o teológico religioso (castigo de los dioses). En los períodos históricos de mayor influencia de las éticas religiosas (Edad media, por ejemplo), han sido estas interpretaciones las que calaron más hondamente en nuestra forma de representarnos el mundo. Ninguna etapa histórica escapa a estas influencias. El método científico, verdadera topadora de la modernidad y el progreso, también ha sido determinante a la hora de definir los conceptos de salud y enfermedad. Es evidente que la ciencia ha sido más eficaz que las religiones para curar enfermedades, pero el asunto no es tan sencillo como algunas estadísticas quieren mostrarnos. Junto con el progreso de la medicina, que se apoyó en realidad en los avances en biología, física y química, es demasiado cierto también que, por lo menos para una parte importante de la población mundial, mejoraron enormemente las condiciones de trabajo, las viviendas y los servicios que hacen a mayor higiene y confort personal y colectivo (agua, electricidad, comunicaciones, etc.) Decíamos al principio, que "los nombres con que designamos las cosas son esenciales". Los seres humanos no tenemos otra forma de movernos en el mundo que poniéndo nombre a las cosas, para conocerlas. No podemos pensar sin traducir esos pensamientos a palabras. En ese trabajo tan fatigoso como inevitable, está incluído el proceso de reconocernos como individuos. Y para ello necesitamos que los otros nos confirmen, desde su mirada, la imagen de nosotros mismos, como un espejo fundamental para nuestra vida. Es nuestra intención, en las próximas entregas, relacionar estos conceptos apenas dibujados más arriba: Salud pública, ideología e identidad, para redescubrir algunas formas olvidadas de sentirse bien. |
||
CONTINUARÁ... |
||
Dr. Javier Privat |
||
| Comentarios: info@principiounico.com.ar |
| Próxima página >>> |
||