COLUMNA

A MIS FUTUROS EX PACIENTES

Lic. Eduardo Miramontes

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El paciente es, especialmente, un sujeto que no cesa de no consultarnos amparado en la fantástica certeza neurótica de no sentirse todavía lo suficientemente mal como para desear estar mejor.
Escribo estas líneas en la República Argentina, comarca donde los malos entendidos son legión, y en épocas en que la salud mental escasea, aunque los terapeutas abundan.
La cura por la palabra atraviesa por una etapa de profunda desvalorización, y tal vez sucede que muchas palabras se han tomado muy en serio el poseer demasiadas acepciones.
Existe una grave confusión en el ciudadano común sobre los alcances y formas de las prestaciones terapéuticas psicológicas. Personalmente, y fuera de los ámbitos específicos, me cuesta demasiadas palabras especificar que soy PSICÓLOGO (y no psicoanalista, Sr. Juez, ni tampoco psiquiatra). Una leve verdad tal como que el psicoanálisis es una (y sólo una) de las formas de ejercicio de esta querida profesión. Tal vez la más difundida, y ocasionalmente, la única posible. Pero absolutamente nunca la única, y a veces contraindicada.
Sin embargo, los psicoanalistas han (¿hemos?) logrado que demasiadas cosas se vean a través de la lente único de nuestra teoría. Consecuentemente, muchos potenciales pacientes no hacen terapia, asustados por la duración, el costo, la frecuencia, y por un sinnúmero de cuestiones formales relacionadas con el encuadre que, si bien se han flexibilizado (maldita palabra), siguen siendo un tanto discutibles.
En principio, los ingresos de los potenciales pacientes revisten importancia. Aunque por razones de mercado (somos muchos más que hace treinta años) el costo de las sesiones ha disminuido, un terapeuta medio tiene honorarios que sostenidos en el tiempo son considerablemente mayores que otras prestaciones (y cualquier tratamiento lleva un tiempo razonable, nunca menor a uno o dos años). Esto lleva a que otra dificultad sea la inserción de los psicólogos en las formas habituales de prestaciones terapéuticas (obras sociales, prepagas, coseguros).
Cualquier sistema médico huye de aquello que empieza, pero es difícil saber cuándo termina. Entonces prefieren medicar, dar diez sesiones de apoyo, y vuelta al trabajo, faltaba más.
Pero también es cierto que el paciente medio no dudaría en empeñar lo que no tiene si la única posibilidad de cura para lo suyo transcurre en una clínica de Houston, Texas, y es absolutamente reacio a invertir el diez por ciento de lo que ello le costaría en tres años de terapia psicológica a la vuelta de su casa.
He fatigado sillas, sillones, divanes, almohadones (y terapeutas) como paciente por más de mil quinientas horas ANTES de revistar como terapeuta. He atendido pacientes (muy pacientes) en los últimos veintidós años. Tal vez ayudé a algunos, aunque algunas veces no sabría explicitar exactamente cómo, y a quienes.
Cuento en mi haber con muchas horas de un lado y otro del mostrador. Y tengo amigos en las dos veredas, que en realidad son muchas más que dos, porque (los dioses nos protejan):
a) hay terapeutas que jamás han sido pacientes
b) ex pacientes que no son terapeutas
c) futuros pacientes de aquellos
d) terapeutas que merecerían, más que nada y ante todo, ser pacientes, e) y, finalmente,
f) gente sana.
Y en esas charlas informales con tanta singularidades mezcladas en esas cuestiones de la amistad, la profesión, el trabajo y la docencia, todos los que hemos sido, somos o seremos sujetos de la cosa freudiana, sistémica, transaccional, o lo que fuere, acordamos que si el azar, la salud o la voluntad hacen que en algún momento necesitáramos volver a ser sujetos de la terapia psicológica (pacientes) dejaríamos en claro algunas cosas:
a) ¿Cuánto durará el tratamiento?
b) Si falto y aviso, no pago.
c) Si falto y no aviso, pago.
d) Si falta y avisa, no pago, y no quiero recuperar la sesión el martes de dos a tres de la mañana.
e) Si falta y no avisa, ídem.
f) Yo tomo mis vacaciones cuando puedo. Ud. tómelas cuando quiera. Yo no pago ninguna de las dos.
g) ¿Ud. es Licenciado, doctor, psicopedagogo, psicólogo social, vidente, tarotista, parapsicólogo o qué? ¿Me muestra su diploma y matrícula, por favor?
h) ¿Me va a medicar? ¿Puede hacerlo? Si me deriva para ello, ¿Cuánto me costará?
i) Yo seré puntual. ¿Me promete lo mismo?

Lic. Eduardo Miramontes

Psicólogo
Mat. Nac. 21809
Mat. Pcia . Buenos Aires 91561

Comentarios: info@principiounico.com.ar

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