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..En tiempos remotos el hombre vivía entre los pájaros, las bestias y los reptiles; trabajaba, se trasladaba, actuaba para huir del frío y la oscuridad, y buscaba cobijos donde refugiarse del calor. No había en su interior lazos familiares que le ataran con lazos de amor; no existían oficiales que pudieran guiar o corregir su apariencia física. En aquella época tranquila y pacífica todavía no habían penetrado profundamente las influencias del mal...(*)
Sin embargo el mundo presente es distinto de aquél. Las aflicciones, las calamidades y los males causan la amargura interior del hombre, y su cuerpo recibe heridas del mundo exterior; además, las leyes de las cuatro estaciones no son cumplidas y existe un ambiente de desobediencia y rebelión.
Hay quienes violan, incluso, las costumbres de lo que conviene hacer durante el frío del invierno y durante el calor del verano. en vano se les advierte. La influencia del mal se difunde desde la primera hora de la mañana hasta entrada la noche: son dañadas las cinco vísceras, los huesos y la médula; la mente es obnubilada; la capacidad de comprensión, reducida, y los músculos y la carne sufren heridas...
...Los sabios no trataban a los que ya estaban enfermos; advertían y daban consejos a quienes todavía no lo estaban. No trataban de dominar a aquellos que ya eran rebeldes, sino que guiaban a los que todavía no lo eran. Administrar medicinas a las enfermedades que ya se han desarrollado o eliminar las revueltas que ya han dado comienzo es comparable a la conducta de aquellos que empiezan a excavar el pozo cuando ya padecen sed, o a aquellos que comienzan a fabricar armas una vez entrado en batalla...
Nei Ching (sIV aC)
Tratado de Medicina Interna del Emperador Amarillo
(*) Mal no está referido a la concepción religiosa occidental como opuesto del Bien Divino, sinó como lo perjudicial para el cuerpo, la mente, el espíritu y a todo aquello que produzca daño a la naturaleza.